Alberto J. Castro

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Periodista y escritor. Nació en Mendoza, el 11 de junio de 1877, hijo de Juan Castro y de Eulogia Atencio. Desde su juventud se dedicó al periodismo, lo que le impidió proseguir los estudios. Sin embargo, su consagración a la lectura le permitió adquirir un bagaje de conocimientos que le sirvió para conseguir gran solvencia intelectual. 

Comenzó trabajando en el diario “El Debate”, entre 1900 y 1902, y en “Los Andes”, entre 1915 y 1922, donde formó parte de su personal como también fue jefe de redacción del diario “La Patria”(1911), y redactor del diario “La Tarde” (1911-13), fundado por Lucio Funes. Asimismo, fue editor o colaborador de otros periódicos y revistas, tales como Almanaque de Mendoza (1902); Guía de Mendoza (1903); Mendoza (1920) y Vidu de Mendoza (1929). Esta intensa actividad periodística ha permitido que su obra se halle dispersa en diarios y revistas, y abarca cuentos, reseñas bibliográficas, recopilación de episodios del pasado mendocino, crónicas de acontecimientos actuales, artículos de opinión con respecto a la política en la provincia, discursos de circunstancias y semblanzas de figuras mendocinas. Utilizaba a veces el seudónimo “Darling”. En sus numerosos artículos hay que destacar que cultivó la investigación histórica como en sus Episodios mendocinos, aparecido en “El Debate”, en donde relata hechos ocurridos entre 1810 y 1814, en la transcripción de actas inéditas de las sesiones del Cabildo en 1810, o en sus aportes para la historia del periodismo mendocino entre 1870 y el fin del pasado siglo, o en su artículo retrospectivo sobre la región de Cuyo o en su biografía sobre Tomás Godoy Cruz, como lo ha señalado la profesora Gloria Videla de Rivero en un erudito ísimo capítulo de un libro escrito en colaboración y dedicado a recordar a este olvidado periodista. 

Fue autor de “Carne con cuero” (1916), fragmentos de un libro inacabado que apareció en “Los Andes” y que para Arturo Roig es el exponente de la literatura orientada a la crítica social. Le siguieron las novelas Ranita (1922) y Alita quebrada (1929). ambas publicadas en Buenos Aires por la desaparecida imprenta Mercatali, del barrio de Caballito, indicio que nos sirve para indagar en el pasado de Castro y aportar algunos datos para reconstruir su biobibliografía que con tanto empeño realiza la profesora Rivero. Ranita, la primera de sus novelas se desarrolla en la ciudad de Mendoza, y si bien los personajes que intervienen son figurados, produjo en la sociedad mendocina un verdadero revuelo porque a través de ellos se descubre la existencia real de los vecinos de la ciudad. Ranita, en verdad es el mote aplicado a personajes femeninos que engañan a sus maridos, novios o amantes. Ranita es una palabra que se usó en el lenguaje popular en la época de esa novela. Se la ha relacionado con los corifeos del realismo y naturalismo representado por Zola, Balzac y Blasco Ibáñez. 

En cuanto a la segunda novela Alita quebrada, acentúa el influjo del naturalismo de Zola. Su trama permite dar lucimiento a su autor por su característica regional tanto paisajística como histórica costumbrista y social. En el párrafo que la profesora Rivero, hace referencia a Buenos Aires. Estamos seguros que participó de la bohemia de entonces, frecuentó cenáculos literarios, e intimó con Florencio Sánchez, Evaristo Carriego, Alberto Ghiraldo, Antonio Montearano, Soussens y otros. Fue un buen conocedor de la ciudad, y cita al barrio de Villa Devoto, por entonces en formación, como también concurre al barrio de Caballito, para concertar la edición de sus libros en Mercatali. Incluso conoció la gente de Boedo y Florida, y colaboró en la revista “Martín Fierro”, dirigida por Ghiraldo, y en “Forum”. 

Falleció en Mendoza, el 8 de septiembre de 1938. Sus restos fueron velados en el Círculo de Periodistas de esa ciudad.

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