Militar y escritor, nació en Buenos Aires, el 9 de febrero entre 1902 y 1905, de donde egresó como subteniente de expedicionario al Desierto, le valió la Medalla de Oro y fue juez de Instrucción Militar. Se retiró del servicio activo en 1934, y alcanzó el grado de teniente coronel. Pero el soldado debió ceder finalmente el paso al literato. Se inició en las letras, usando el seudónimo inglés de “Guillermo House”, que es la traducción textual de un apellido de hispa-no linaje: Agustín Guillermo Casa. Su primer volumen modesto lo publicó en 1921 bajo el título Del llano a la montaña. Alternaban en él ensayos, relatos y cuentos que olían a campo y a tradición. Poco después escribió Alma nativa, serie de estampas en las que trató de definir lo “nuestro”.
Al mismo tiempo comenzó a colaborar en distintas revistas que divulgaron su nombre, sus temas, su conocimiento profundo de lo autóctono y su amor por el suelo natal. Obtuvo uno de los premios en un concurso organizado por “Caras y Caretas” por su novela Clotilde Gamuru. Su Romance de la lluvia mansa, le mereció asimismo la máxima recompensa en los Juegos Florales de Mercedes. (Prov. de Bs. As.). No obstante, no adquiere gran notoriedad como escritor hasta 1935, cuando entrega a las prensas Cuentos argentinos. Luego vendrían El ocaso de los gauchos (1918); El paisaje en la sangre y El último perro, sin duda su obra más conocida. En efecto, además de significarle, por el tiempo 45-46-47, el Premio Nacional de Literatura otorgado por la Comisión Nacional de Cultura, conoció los honores de una versión cinematográfica realizada por Lucas Demare, en 1956, protagonizada por Hugo del Carril y los de una adaptación teatral de Carlos Gorostiza estrenada en el teatro Cervantes bajo la dirección de Armando Discépolo. Varios otros títulos le siguieron a éste: La sombra aquella; El fortín de los hombres sin miedo; que reúne 18 cuentos de vigoroso trazado y Anselmo Coronel. Al sorprenderle la muerte, Guillermo House tenía terminada otra novela; Final de rieles. Falleció en Buenos Aires, el 21 de noviembre de 1962.
El diario “La Nación”, con motivo de su óbito, efectuó una apretada valoración de su estilo y de la trascendencia de su obra literaria. No hay en él una búsqueda deliberada de lo pintoresco. Fondo y forma armonizan naturalmente. En una oportunidad dijo que había que defender nuestra manera de decir y de hablar; que la expresión argentina emanaba de una idiosincrasia claramente individualizada y siempre profunda. Algunos de sus cuentos, La monjita por ejemplo, tienen extraordinaria fuerza dramática. Muchos de sus relatos evocan la vida militar, el silencioso heroísmo de los fortines. Otros, desde 1935 hasta su muerte, encaran en una u otra forma un problema social expuesto con apasionado interés. Porque en House, la pintura costumbrista cobra implícita y muchas veces explícitamente el valor de un alegato. Nada de lo que hay en él de testimonial es episódico. Ha sido un escritor comprometido y su folklorismo arrastra, a través de un vívido fresco, un encendido amor por los humildes de nuestro campo y acentos, a veces ásperos, de rebeldía y de protesta”. Fue uno de nuestros más sinceros y auténticos escritores costumbristas.