Arquitecto, urbanista, escenógrafo y profesor. Nació en Odessa, el 29 de junio de 1900 en la Rusia de los zares. Su verdadero nombre era el de Wladimiro Konstamtunansky, aunque el apellido significaba a su vez, una transformación del originario Acosta. De origen sefardí provenía de una familia integrada por ingenieros y artistas que hablaba siete idiomas. De niño Wladimiro padeció enfermedades graves, lo que seguramente lo tornó en un ser curioso e introspectivo, lo cierto es que se educó en un ambiente de alto nivel económico y cultural. Siendo un adolescente a los once años ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Odessa, de donde egresó en 1917, con el título de bachiller técnico en construcción. Transformado necesariamente en hombre, a los 16 años, participó en la primera guerra mundial como artillero y fue impactado por la revolución bolchevique en 1919, durante la ocupación de Odessa por Inglaterra y sus aliados. Con su compañero Gregori Warchavchik viajaron a Italia con el objeto de continuar sus estudios de arquitectura. Establecidos en Roma, comenzaron a trabajar con Marcelo Piacentini, uno de los principales arquitectos del momento. Recibiendo influencia del régimen fascista a través de su colega.
En 1921, Acosta conoció los textos de Le Corbusier publicados en L’Esprit Nouveau. Perfeccionó en la Escuela Superior del Instituto de Bellas Artes de Roma, donde obtuvo su título de Licenciado en Arquitectura. Con el título de profesor de Diseño Arquitectónico ejerció la docencia en 1920 y 1921. De esos años son sus primeros proyectos de “viviendas económicas apareadas”, y viviendas para la ciudad jardín, en Roma. En 1922 se trasladó a Alemania, y pasó los primeros tiempos en Berlín, donde experimentó el impacto de la vida artística de la ciudad. Trabajó en la profesión y como bailarín, actor y escenógrafo; sus trabajos para “Fausto”, “Mercader de Venecia” y “Macbeth” son los más notables. Simultáneamente cursó estudios de ingeniería y urbanismo en la Escuela Técnica Superior de Charlottenburg y de tecnología del hormigón armado en el laboratorio del Instituto de Tecnología de Mecklenburg. Obtuvo premios, tomó contacto con los hermanos Luckhardt y su socio Anker. figuras de primera línea del Expresionismo, en Frankfurt.
Llegó a Buenos Aires en 1928 y se conectó con el arquitecto Alberto Prebisch con el que trabajó algunos meses. También se ocupó de la planificación de las instituciones sanitarias para la Secretaría Técnica del entonces Departamento de Salud de la Provincia de Santa Fe, al mismo tiempo que desarrolló su teoría de construcción arquitectónica urbanística. Su teoría conceptual Helios trata de la armonía y la interacción entre las formas austeras, el hombre y la naturaleza. en latitudes y climas varios, para viviendas individuales, y colectivas, tanto como para edificios públicos. Después pasó al Brasil donde participó del Congreso Panamericano de Arquitectura realizado en Río de Janeiro en 1930. Al año siguiente regresó a Buenos Aires y ensayó la construcción de casas individuales como la del barrio de Flores o en los alrededores de la ciudad. El resultado de la primera parte de su trabajo en la Argentina es un libro publicado en 1936 titulado Vivienda y Ciudad. De su paulatina inserción en el medio social local da cuenta algunos datos, como su amistad con Alberto Gerchunolf, su casamiento con Telma Roca o sus vínculos con el Concejo Deliberante, su participación con el rol de jurado en el Concurso Urbanístico del “Parque Retiro” y luego su labor como asesor para el estudio del Código de Edificación. Acosta fue, además escenógrafo del teatro Colón, participando en un concurso internacional para la consagración de la primavera.
En 1935, comenzó a colaborar en Actualidad, una publicación de intelectuales de izquierda. La segunda mitad de los años 30 y los primeros del 40 fue probablemente el periodo más fructífero del arquitecto Acosta. Sus obras más importantes fueron la casa de Villa Urquiza (1934), Villa del Parque (La Pampa 3470, en Belgrano R). La Falda (Casa Pillado), Bahía Blanca (1932 y 1939). Ramos Mejía (1934), Punta del Este (1940), Rosario (1942), Castelar (1944) y los edificios de la colonia Oliveros (Santa Fe, 1939). Figueroa Alcorta (1942) y el primer proyecto de la Casa Colectiva de El Hogar Obrero (1941) [junto con Fermín Beretervide y otros colegas]. Le preocupó el tema de las orientaciones y así en el período de 1937 a 1945 realizó estudios sobre bioclimatología y acondicionamiento físico de los edificios bajo la supervisión del Dr. Walter Knocke. El proyecto para El Hogar Obrero constituyó un intento de poner en práctica los temas que había ensayado en su libro Vivienda y Ciudad. En 1947, partió de la Argentina y proyectó la excelente Escuela unificada de aplicación del Instituto Pedagógico en Caracas. Viajó en 1948 a Guatemala, donde actuó como asesor del gobierno. También visitó los Estados Unidos dictando una serie de conferencias, para luego volver a la Argentina. Realizó un par de casas y en 1954 se trasladó de nuevo a EE.UU. donde no consiguió trabajar, aunque dictó conferencias en varias Universidades, como Harvard y Coronel. Invitado por el Centro de Estudiantes de Arquitectura, se radicó en Buenos Aires, donde lo nombraron profesor titular de Composición Arquitectónica en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo desde 1957, tras vencer muchas dificultades. Ejerció una poderosa influencia docente, y con algunos de sus discípulos produjo por encargo de la Universidad, su último gran proyecto: la unidad vecinal de la Isla Maciel, en la ribera sudeste del Riachuelo (Bs. As.). En los últimos años de su vida se acentuó el tono ideológico de su propuesta y entusiasmado por los cambios operados por la revolución, visitó Cuba en 1962. siendo el postrero de sus viajes. Falleció en Buenos Aires, el II de julio de 1967, tres años más tarde su esposa publicó, ayudada por ex discípulos, una obra póstuma. Viviendas y Clima. Fue dueño de una especial sensibilidad plástica y creativa reconocido como uno de los constructores de la arquitectura moderna en el país.