Artes Menores

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Desde que existe, el hombre se ha visto obligado a servirse de aquellas cosas propias del mundo en que habita, pues su vida depende en todo momento del aprovechamiento de las mismas. Ahora bien, ya en las épocas más primitivas guió sus pasos el afán de asociar, en lo posible, lo bello a lo útil, o de crear al margen de la solución de los problemas de su vida cotidiana formas surgidas de su innato sentido de la belleza. Así se originaron las artes, que suelen dividirse en mayores y menores, según su grado de utilidad. Con arreglo a tal división se denomina artes mayores a la pintura, la escultura, la música, la poesía, etcétera; es decir, a aquellas que no tienen una utilidad inmediata. Las artes menores, por el contrario, se hallan tan ligadas a los objetos de uso corriente que, en ellas, lo bello y lo útil aparecen indisolublemente unidos. En un cuadro de Velázquez, en una sonata de Mozart y en una poesía de Leopardi, por ejemplo, la belleza se presenta con independencia de la utilidad, al menos en el sentido práctico que se suele dar a este vocablo. En cambio, en una reja de hierro forjado, en un broche de brillantes y en los colores de una alfombra o de un vestido, la belleza va unida a lo útil. Es indudable que las llamadas artes menores que deben su origen al anhelo humano de embellecer las cosas de uso corriente nacieron antes que las mayores, y que éstas derivaron de aquéllas. El hombre es capaz de embellecer los materiales más bajos y más extraños tomándose del mundo en que vive: desde el barro, desde la tierra misma, hasta las piedras y los metales. De esa capacidad derivaron las distintas artes menores existentes, a las que se hará referencia seguidamente.

Cerámica

Los griegos llamaban queramos a la arcilla, y de esa palabra nació la de cerámica, que da nombre a una de las artes menores más antiguas y hermosas. La cerámica es el arte de modelar y decorar toda clase de objetos de barro. Nació de la necesidad de contener, almacenar y también de preparar los alimentos. Por eso la cerámica es casi tan antigua como el hombre. No aparece decorada. Sin embargo, por lo menos hasta la Edad de Bronce, en que las vasijas presentan ya diversidad de formas y un adorno basado en incisiones muy diferentes (rayas, círculos, espirales, etc.), artísticamente combinadas. Por la forma y el decorado de una vasija puede determinarse su antigüedad y la cultura a la cual pertenece. La civilización griega hizo un verdadero arte de la cerámica, modelando vasijas para todos los usos domésticos e industriales. Gracias a tal variedad de aplicaciones, la belleza de aquéllas no se limitó al decorado, sino que se extendió a las mismas formas.

De esta cerámica de la antigüedad nace un arte que llega a nuestros días, para alcanzar su Alicatado es la acción de colocar azulejos formando franjas o frisos en muros y pavimentos; también es el arte de cortar y traer los azulejos dándoles figuras determinadas y haciendo posible su incrustación por medio de pequeños trozos de barro esmaltado llamados aliceres, de donde procede la palabra alicatar. Si por medio de azulejos o alicates se combinan figuras artísticas, se obtiene el mosaico, obra de conjunto con la que pueden cubrirse suelos y paredes. El mosaico llega a independizarse con respecto al simple azulejo, al formarse con el auxilio de la tesela, pequeña pieza de barro esmaltado, mármol, piedra, vidrio, etc., de forma cúbica. A veces la tesela consiste en dos planchas de vidrio entre las que se coloca una lámina de plata o de oro. Este elemento básico hace posible que el mosaico alcance una expresión artística que casi iguala y en algunos casos supera, a la propia pintura, al permitir la representación de todo lo existente o imaginable. Basta unirlas entre sí con cemento o argamasa, de manera adecuada.

Azulejos y Mosaicos

Cuando los hombres empezaron a instalarse en lugares fijos, abandonando su condición de nómadas, surgió la habitación, la casa, con sus exigencias de tipo utilitario a las que, más adelante, se uniría el deseo del embellecimiento de la vivienda. Para evitar la humedad, debieron cubrirse los suelos y las paredes. En los países donde abundaba la piedra, se usaba ésta para tales menesteres, pero en otros hubo que recurrir a los azulejos y a los mosaicos. El azulejo simple placa de barro pintada o decorada de diversas maneras tiene, por lo menos, una antigüedad de 5.000 años. Ya en el Egipto de las primeras dinastías menfitas existen azulejos rectangulares, amarillos, con inscripciones en rojo, verde y azul, en las que se expresan los títulos y honores de algún faraón; y en Caldea, en el supuesto palacio de Nabucodonosor, existía una reproducción de escenas de caza con azulejos, cuyas figuras llegaban a 1,80m d altura. Esta técnica primitiva del azulejo alcanzó Persia un desarrollo extraordinario; de allí la tomaron los árabes, extendiéndose por el Occidente a través de España, donde apareció con la invasión de los almohades. Fue perfeccionada en territorio español, utilizándose para decorar, entre otros monumentos arquitectónicos, la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba, lugar en que quizá por vez primera aparece la fosfeno azulejos de fondo dorado. También los egipcios conocieron el mosaico, pero las grandes obras realizadas con el mismo aparecen en Roma, de donde se transmiten a Bizancio, lugar en que alcanza su máxima expresión artística.

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