Jurisconsulto, historiador, legislador, diplomático y hacendado. Nació en Santa Fe, el 5 de mayo de 1860.
Era hijo de Carlos Aldao y de Luisa Maciel. Cursó los estudios preparatorios en el Colegio de la Inmaculada Concepción de la ciudad natal de 1870 a 1878, y se graduó de doctor en jurisprudencia en la Facultad de Derecho, en Buenos Aires, en 1884, con una tesis sobre Divorcio. Se alejó tempranamente de las propiedades rurales que había heredado de sus mayores. Ingresó a la magistratura: fue juez y camarista de la Justicia de Paz; secretario de la Legación argentina en Washington en 1893. Trabajó inteligentemente en la cuestión de arbitraje sobre Misiones, primero con el Ministro Plenipotencia-rio Carlos Calvo, y al fallecer éste, con su reemplazante el Dr. Estanislao S. Zeballos. Más tarde se desempeñó como Ministro en Santa Fe del gobernador Juan Bernardo Iturraspe, fue Director General de Correos y Telégrafos de la Nación. Vocal del Banco Hipotecario Nacional, y en octubre de 1915, el presidente de la República Dr. Victorino de la Plaza lo nombró Interventor federal en la provincia de Catamarca. Misión que el Dr. Aldao llenó cumplidamente en poco tiempo. Realizó estudios sobre los límites argentino brasileños, y se distinguió como traductor de obras de significación histórica para la Argentina, especialmente de viajeros que visitaron y recorrieron el país en distintas épocas, como Johny William Parish Robertson, Hall, Head, Gillespie, Proctor, Andrew, etc.
En 1902, resultó electo diputado nacional desempeñándose hasta 1906, junto a brillantes parlamentarios. “Apenas incorporado a la Cámara presentó un proyecto sobre concesión de tierras públicas a las provincias para que, con el producido de su venta, se proveyera a la creación de escuelas de agricultura. Con otros diputados suscribió un proyecto de ley sobre el derecho de los arrendatarios de tierras públicas para adquirirlas en propiedad, iniciativa que fue fundada por Nicasio Otoño. También se preocupó por que los títulos de abogado expedidos por la Universidad provincial de Santa Fe tuvieran validez en todo el territorio de la Nación. Y en la sesión del 4 de septiembre de 1902, después de un largo y luminoso debate en el que intervinieron muchos oradores, el Dr. Aldao dio su voto a favor del proyecto de ley del divorcio”. Su admiración por el general San Martín no tuvo límites.
A su gestión se debió la erección en su ciudad natal del monumento que al Libertador se levanta en la plaza epónima, así como en otras muchas ciudades importantes del país y del extranjero. Se debe a su iniciativa la estatua que por gestión privada suya hizo fundir en el Arsenal de Guerra para ser llevada a los Estados Unidos, inaugurando en Washington, el 28 de octubre de 1925, en presencia del presidente de esa nación Mr. Calvin Cooligge y de nuestro embajador Dr. Honorio Pueyrredón. Aldao fue un viajero incansable y prácticamente recorrió el mundo. Fue muy amigo del mártir cubano José Marti. Entre sus obras figuran: La cuestión de Misiones ante el presidente de los Estados Unidos (New York, 1894); A través del mundo (Bs.As., 1907) que mereció varias ediciones; Vagando y divagando (1917); Los caudillos. Cuestiones históricas (1925); Blasones de Santa Fe en la independencia y organización nacional (1926); Mirando los orígenes de la independencia americana (1928); El brigadier general D. José Felix Alduo (1934); Rosas, publicación póstuma (1935). Con anterioridad había publicado Errores de la Constitución Nacional (1926), cuyo título no corresponde a su contenido, pues la crítica que hace este autor es esencialmente histórica y documental. Colaboró en La Biblioteca de Paul Groussac. Usó el seudónimo de “Viator”, con el que evocó muchos de sus recuerdos en la revista El Hogar. Falleció en Buenos Aires, el 17 de abril de 1932. Usaba gruesos anteojos, no se desprendía de su jaquet y el consabido pantalón de fantasía, a rayas. Sus charlas eran amenas, pero por sobre todas las cosas fue un hombre sencillo Manuel Gávez lo juzga con ironía.