Benito Quinquela Martín

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“Pinta tu aldea y pintarás el mundo”

Benito Quinquela es parte del ADN argentino. Fue uno de sus pintores más famosos y propios de “lo” argentino. A brocha gorda y espátula, este pintor autodidacta fue creador de dibujos y pinturas únicas del puerto argentino y del barrio de la boca. Desde su lugar de artista y desde su lugar de constructor social, Benito Quinquela Martín le dio vida a la Boca, le dio una identidad. Y la Boca, a la vez, le dio a Benito Quinquela Martin un sello inconfundible. Benito era la boca. Y como bien decía: “Pinta tu aldea y pintaras el mundo”.

Una vida de puerto y carbón

Benito Quinquela tuvo un comienzo dificil. Fue abandonado y dejado en la puerta de un hogar de niños. Su familia de procedencia nunca pudo ser identificada. Pero afortunadamente fue adoptado a sus siete años por la familia que le dio su nombre: los Chinchella. Manuel y Justina Chinchella eran un matrimonio que quería tener hijos y no podía. Se acercaron a la casa cuna buscando un varón de cierta edad para que los ayudara con las tares de la carbonería que tenían en la Boca. Y allí llegó a sus vidas Benito, a quien adoraron. 

Benito Quinquela Martín comenzó el primer grado, pero las necesidades económicas de su familia hicieran que tenga que dejar sus estudios primarios dos años después para colaborar con la actividad diaria de la carbonería. 

Su obra

Benito Quinquela Martín se dedicó principalmente a pintar cuadros sobre la vida en el puerto, su ritmo acelerado, el trabajo, la carga y la descarga de barcos y de carbón. Un poco de su vida cotidiana, sus códigos y costumbres. También pinto fábricas, incendios y sobre todo en su última época, barcos abandonados. Entre sus cuadros más famosos se encuentran: “Tormenta en el Astillero”, “Elevadores a pleno sol”, “El puente de la boca”, “Sol de mañana” y “Crepúsculo en el Astillero”.

Su lado no conocido

Hay un aspecto no tan famoso de la obra de Benito Quinquela Martín. Es paradójico, porque parte de su arte se apoyó sobre la idea de no aferrarse a los movimientos de vanguardia. El, el niño de la infancia difícil, que pintaba con espátula y carbón su barrio porteño, se alejo de las vanguardias de moda. Esto que quizás no buscó adrede fue su sello distintivo que lo hizo famoso. Y con razón, su obra era un tesoro único de lo argentino, de los barcos y el puerto. De la vida y el trabajo ahí. Y por eso, con su ojo y su uso del color hizo brillar a la Boca.

Pero lejos de sus más conocidos cuadros, hay todo un aspecto de Benito Quinquela Martín que es poco conocido: su faceta de grabador. Es allí donde su arte se alejaba de lo figurativo y se inclinaba más hacia la proyección, lo abstracto y la imaginación.

Su no vanguardismo

Su pintura era una pintura ágil, de trazo rápidos y bruscos. Casi como la vida y el trabajo en el puerto. Benito Quinquela Martín realizaba un bosquejo en sus famosas carbonillas. Un bosquejo que le llevaba mucho tiempo pensar y planificar. Pero una vez que su idea estaba meditada y finamente planificada, se metía de lleno con la espátula y mucha pintura. Sus obras resultaban vigorosas, de trazos fuerte que demandaban fuerza. Resultaba una pintura ágil, que Benito Quinquela Martín finalizaba en poco tiempo luego de haberla pensado.

Lejos de los estándares de su época quedaba la espátula y la pintura empastada. Y quizás eso fue lo que hizo que fuera criticado por la elite artística de su época. Los cánones academicistas veían con malos ojos a este artista autodidacta, de maneras rápidas y algo bruscas en su pintar.

Pero nada alteraba la tranquilidad y el buen animo que caracterizó a Benito Quinquela Martín. El siguió pintando, fiel a su estilo, fiel a la Boca. Su arte buscó reivindicar el amor por lo social, la cultura del trabajo y el esfuerzo. La cultura del puerto, de los barcos y las carbonerías. Lugar donde se crió y que en definitiva le brindó, tanto de niño como de adulto, una mejor vida.

No obstante, esto, su arte fue un arte moderno, distinto e innovador. De tinte figurativo y amante del color y el expresionismo. Benito Quinquela Martín tenía un catalejo, en su atelier de la Boca en el que miraba desde lejos al rio de la plata, los barcos y containers. Reparaba largamente en los colores, que luego plasmaba en el lienzo. 

“Pinta tu aldea y pintaras el mundo” decía Benito Quinquela Martín. Y él así mostró al mundo su mas querida aldea, la Boca. Le hizo honor, le dio color y vida. La misma vida que ese barrio le dio a él desde niño. Un amor reciproco y justo. Un artista único, singular resiliente y argentino.

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