El naturalismo y Zola

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“La obra de Zola —escribe el historiador literario Daniel Mornet— nació de una voluntad metódica y de un temperamento que contradecía violentamente esa voluntad.” Los realistas habían convenido ya en que la novela no debe ser novelesca; no es una ficción, no pretende entretener solamente; es una representación exacta de la realidad. Pero Émile Zola (1840-1902), lector asiduo de Taine, de Darwin, de Claude Bernard, crea la novela experimental, que demuestra ciertas verdades científicas, o que él tenía por tales. Todo, en el hombre, dependía del temperamento, y éste de la constitución física, que a su vez es resultado fatal de la herencia; ésta reconoce, sin embargo, “la presión del ambiente y de las circunstancias”. “Me propongo ser puramente naturalista, puramente fisiología”, escribe Zola.

Si la concepción estética hoy puede parecer superada en parte, su temperamento fue el de un observador generoso, vital, artista y comprometido, que lo llevó a intervenir en la vida pública como ardiente republicano y luego socialista, especialmente en el affaire Dreyfus. Su serie de los Rougon-Macquart pretende ser una historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio. Junto a algunos tipos normales, se despliega una línea de personajes marcados por la degeneración, la enfermedad o la marginalidad.

Zola estudia con detenimiento los ambientes, toma notas en espacios cotidianos y observa distintos sectores sociales. El cuadro es sombrío, aunque atravesado por una constante piedad hacia la condición humana. Entre los principales títulos de la serie se destacan Naná, La alegría de vivir, La taberna, Germinal, El dinero, La derrota y El Doctor Pascal. Posteriormente desarrolla nuevas series narrativas y sus llamados “evangelios socialistas”, donde su pensamiento deriva hacia una visión más idealista.

Zola reunía a su círculo en Médan, donde se consolidó un núcleo literario naturalista. De allí surgió Las veladas de Médan, obra colectiva que ironiza sobre valores burgueses.

De este grupo, dos autores desarrollaron trayectorias propias. Guy de Maupassant (1850-1893), discípulo de Flaubert, se destacó como cuentista y novelista, con una obra centrada en la observación psicológica y social. Joris-Karl Huysmans, inicialmente cercano al naturalismo, evolucionó hacia una estética más introspectiva y espiritual, incorporando elementos simbólicos y místicos.

Otros autores prolongaron la corriente naturalista hasta comienzos del siglo XX, explorando ámbitos marginales y realidades sociales complejas. Con el tiempo, el naturalismo experimentó una reacción crítica, aunque reapareció en formas más elaboradas en escritores posteriores, que retomaron su impulso descriptivo sin sus rigideces doctrinarias.

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