El esteticismo de Baudelaire, una vez privado de la concepción demoníaca del destino humano, parecía autorizar la tentativa del arte por el arte. Así lo entendieron los parnasianos. En 1861 Catulle Mendès (1841-1909), un joven poeta de diecinueve años, editó una revista en la que invitó a colaborar a todos los que rechazaron, a la vez, la solemnidad de los románticos y el prosaísmo de Béranger y sus imitadores. Ése sería, dijo, el nuevo Parnaso francés. Todos le enviaron versos, desde Gautier, septuagenario, hasta el adolescente Rimbaud, además de muchos otros cuyos nombres han sido piadosamente olvidados. Pero sólo llamamos parnasianos a quienes se interesaron, ante todo, por la forma impecable. Seis de esos poetas consiguen sobresalir: Charles Marie Leconte de Lisle (1818-1894), Théodore de Banville (1823-1891), François Coppée (1842-1908), “el poeta de los humildes”; José María de Heredia (1842-1905), cuyos Trofeos publicados en 1893 constituyen un conjunto excepcional de sonetos; Armand Sully Prudhomme (1839-1907) y el mismo Mendès. Los libros de Leconte de Lisle, Poemas antiguos, Poemas bárbaros, Poemas trágicos y Últimos poemas reflejan a la vez que interés por la literatura griega fue un traductor magistral, una imaginación robusta y una generosa solicitud por la humanidad. El interés por los temas griegos que caracterizó ese momento fue fomentado por el escritor y erudito Louis Ménard (1822-1901).
Verlaine
Pero el aspecto demoníaco de la obra de Baudelaire, el “arte nocturno” de Nerval y Bertrand, la turbulencia revolucionaria de Pétrus Borel (1809-1859) y Alphonse Rabbe (1786-1830) ya constituían una tradición que resonaba oscuramente en el alma de algunos poetas para quienes el parnasianismo resultó estrecho. Fue Paul Verlaine (1844-1896) quien adjudicó el epíteto de “malditos” a Baudelaire y a un grupo de sus propios contemporáneos de ejercitarse en la No obstante, nadie lo fue como él mismo. Después de la precisión parnasiana de los Poemas saturnales, cantó las Fiestas galantes con tono sugerente y vida con un apacible matrimonio. La Buena canción transpone su felicidad, sus esperanzas, a un lenguaje de sencillez conmovedora, de dulce resonancia espiritual. El alcohol, la recaída en el vicio, le hacen musitar en Romances sin palabras un melancólico adiós a esa ventura de que no ha sido digno. Su alma gime ahora como una cuerda de violín, su verso es música pura, eco tembloroso de una melodía que surge de la más remota intimidad. Un poema, su Arte poética, resume esa experiencia. “La música ante todo”, “romper el cuello a la elocuencia”, tales son sus proposiciones. Conoce a Rimbaud, escapa con él a Londres y vuelve a la vida disipada; en Bruselas dispara un balazo a su joven amigo y, en la cárcel, compone Sagesse. Durante diez años publicará aún otras selecciones de poesía.
Rimbaud
Arthur Rimbaud (1854-1891) huyó a la dictadura. En los días de la Comuna durante la faz del mundo, ambula por las calles de la capital, trágicamente castigada. Luego de este viaje a París escribió su primera obra innovadora, el poema El barco ebrio, que envió a Verlaine y tuvo una entusiasta acogida. Una violencia exacerbada arde en Una temporada en el infierno, pequeño libro publicado en mayo de 1873; el autor se desinteresa de él y sólo se salvan algunos ejemplares. Un año más tarde escribe Iluminaciones, poemas en prosa que sólo se publicarán en 1886 por intervención de Verlaine y contra la voluntad de su autor. Eso es todo. A los veinte años, caso único en la historia de las letras, Rimbaud abandona la literatura: será explorador y comerciante en África. Pero en esos dos pequeños libros, en sus cartas y poemas de su época de colegial, el surrealismo verá medio siglo más tarde con razón una verdadera revolución literaria. Para Rimbaud, el poeta es un vidente; la poesía, un instrumento de conocimiento; la historia, el destino de la humanidad, se expresan por la voz del poeta; éste es impermeable a la razón, a la lógica, pero encuentra en la virtud de la palabra, en la “alquimia verbal”, la fuente de la verdadera ciencia, que Rimbaud opone a la ciencia positiva.
Otros PoetasHay un curioso paralelismo entre su suerte y la de otro poeta adolescente: Isidore Ducasse (1846-1870). Éste, nacido en Montevideo, vivió como Rimbaud los días de la Comuna de París, y encerró también en dos libros, Cantos de Maldoror y Poemas firmados con el seudónimo de Conde de Lautréamont, su trágica concepción de la vida y una doctrina literaria de una trascendencia análoga a la de aquél. Según dicha doctrina, la poesía debe revelar al hombre lo que hay en él de más profundo, su verdad secreta, aunque ésta cuya naturaleza demoníaca destruye y mata. Tristan Corbière (1845-1875), amigo de Verlaine, es otro poeta “maldito”. En Losamoresamarillos, su único libro, es también un bohemio agresivo, neurasténico, y a la vez un marino bretón que pasea su desesperanza por los puertos sombríos y las incitantes lejanías. Germain Nouveau (1851-1920), influido por Rimbaud, de quien fue amigo, escribió originales poemas religiosos y amorosos: Ladoctrinadel amor, Valentinas.