El escritor Alain Founder (18se In primera Guerra Mundial. El Haymond No de preocupaciones se deben a la intensa nación maravillosa de el gran Meaulnes, y a Radiguet, el cándido erotismo el diablo en el cuerpo. Otro autor, Nos, escribió siete volúmenes plenos de erudición, y prosiguió durante toda su Gide, polémico, pero vida un Diálogo con André generosamente comprensivo. Andrés Buares (18681948) dejó admirables retratos de Shakespeare, Pascal, Dostoievski, Debussy, Tolstol, y en “Ei Viaje del condottiero” ofrece páginas de fino cincelado. En este círculo de escritores convergieron dos eximentes tradiciones de la literatura francesa; el análisis psicológico, representado por Stendhal, y la exaltación del sufrimiento moral, que culminan en Baudelaire. La revelación del Diario de un profesor suizo, Henri Frédéric Amiel (1821-1881), y el de una adolescente rusa, la pintora Marin Bashkirtsev (1860-1884), habían renovado el interés por la literatura íntima, confidencial. En otro orden de ideas, la significativa conversión de un nieto de Renan, Ernest Psichari (1883-1914), defensor de una política nacionalista y autoritaria, demuestra que, si el catolicismo logró, por fin, sobreponerse a la ofensiva del escepticismo, en cambio hubo de tener una visión de la vida menos cándida que la de los autores de parroquia y la literatura edificante. Léon Bloy (1846-1917), escritor y polemista, especie de profeta, dejó en sus libros el relato de su vida. En combinación de estos nuevos elementos es visible en las nove las de Jacques de Lacretelle (1888) y en las de Jean Schlumberger (1877), y hallarán sus formas señeras como se verá más adelante en Mauriac. Uno de los pocos errores críticos de Gide mismo lo recordó jovialmente fue el cometido con Marcel Proust (1871-1922), a quien se considera que Cide le devolvió su primer manuscrito. Después su juventud, Proust, enfermo y aislado en su cuarto, víctima de su misantropía, consagró las de un ciclo compuesto de quince novelas, cuya estructura narración, el autor la enriquece por medio de el fresco de la alta sociedad de su tiempo. “literario Van Treghesomnson o hn vea tipos sociales Lo cual y tipos humanos, los catalizadores de tal acontecimiento, pretextos para of analysis psicología larga, compleja, matizada y nada en ella recuerda las vaguedades del estilo artístico. Proust persigue saber concreto acerca del alma, pero no desarticula sus mudables estados como lo hacía Bourget, sino que muestra su continuidad, su interpretación, su desarrollo en el tiempo. Después de imitar a Mallarmé en sus poemas de los veinte años y de guardar silencio por dos décadas, Paul Valéry (1871-1945) publicó en 1917 un poema de quinientos versos, La joven Parca, confesión infinitamente discreta de sus largos años de meditación sobre el espíritu. En 1922 daba a conocer un nuevo libro de poemas, Charmes, que sus traductores españoles vacilaron en titular Hechizos. En ambos casos tratase de la transposición simbólica del drama interior, que opone la conciencia clara a los turbios movimientos de lo inconsciente. Decenas de opúsculos (La velada con Mr. Teste, Variedad, Eupalinos, La idea fija, etc.) expusieron la doctrina poética que Valéry concebía como esfuerzo intelectual de la conciencia, que se revuelve en la búsqueda del propio yo. Paul Claudel (1868-1955), que en plena juventud había descubierto a Rimbaud y su aventura prometeica, abrazó la fe católica con la violencia cósmica de los profetas. Publicó una docena de libros de poesía, y sus grandes obras dramáticas han subyugado a todos los públicos. En su poesía sobresalen las Cinco grandes odas, de 1910, por su riqueza metafórica y una arquitectura cuya grandiosidad y pureza evocan la de las catedrales. Cabeza de oro es un drama compuesto a los veintidós años, y ya contiene todas las excelencias de sus dramas posteriores: Cristóbal Colón, La Anunciación a María, El zapato de raso, Partición de mediodía.
El Teatro
En el campo del teatro, después del teatro simbolista de Maeterlinck, se impone Henri René Lenormand (1882-1951), a la vez realista y poético, que emula a Pirandello en el análisis de los problemas de la personalidad y desata las pasiones con violencia. Autores como Marcel Achard (1899), Paul Raynal (1885), Jean Sarment, Édouard Bourdet (1887-1945), Charles Vildrac (1882), Stève Passeur (1899),Denys Amiel (1894), Paul Géraldy (1885) autor también de las poesías sentimentales de Tú y yo, anuncian un resurgimiento de la literatura escénica, que estaría a cargo de Cocteau, Giraudoux y del poeta belga Crommelynck.
Literatura de Ideas
En materia filosófica, la crisis que conmovió a Europa tuvo por intérprete a Henri Bergson (1859-1941), de influencia vital en hombres tan diversos como Péguy y Proust. Georges Sorel (1847-1922), cuyas Reflexiones sobre la violencia leyeron con provecho Lenin y Mussolini cuando preparaban la toma del poder; y Alain, pseudónimo de Auguste Chartier (1868-1951), que como profesor y publicista formó millares de futuros universitarios, críticos y escritores. Los ex discípulos de Alain constituyen una familia espiritual inconfundible; una aguda crítica del conocimiento los adiestró en el ejercicio de la libertad intelectual y en el amor a una verdad humana. En cuanto a Maurras, su partido que contó siempre con el historiador Jacques Bainville (1879-1936) y el panfletista Léon Daudet (1867-1942) reclutó sus fieles entre la juventud universitaria, y los de Romain Rolland que fueron también los de Henri Barbusse y Paul Vaillant Couturier se educaron, gracias a varias revistas y periódicos, en un espíritu de humanismo socialista. Críticos como Albert Thibaudet (1874-1936), Benjamín Crémieux (1888-1944) y Edmond Jaloux (1878-1949) juzgaron con simpatía las nuevas expresiones literarias. En cuanto al movimiento general de las ideas aparte de Gide y Valéry, que lo encarnan ejemplarmente, se recordará a Julien Benda (1867-1956), racionalista intransigente, y a Daniel Halévy (1872), que pasó de posiciones extremistas a la defensa apasionada de la jerarquía y el orden. Pierre Drieu La Rochelle y Henri Massis (1886) eran, hacia 1940, los más activos representantes de esa tendencia. Emmanuel Berl y Ramón Fernández (1894-1944) evolucionaron en la misma dirección.