Sacerdote e historiador. Nació en San Juan, el 12 de septiembre de 1857. Era hijo de don Pablo José Cabrera, chilas primeras letras en la escuela “Sarmiento”, de la ciudad natal, bajo la dirección del maestro Vicente García Aguilera A los doce años de edad, resolvió seguir la carrera sacerdotal. Acompañado de su madre, en 1869, se trasladó a Córdoba con el objeto de ingresar al Seminario. Fue recién en 1870, cuando pudo entrar al Seminario Conciliar de Loreto, con asignación de beca. En el transcurso de 1869, estuvo en la llamada Estancia, propiedad rural de su tío Agustín Mercado, ubicada en Río Ceballos. Allí leyó versos gauchescos y el Martín Fierro, de José Hernández, al que cobró afición. En 1881 egresó con el título de licenciado. Consta que fue un excelente estudiante. Terminados sus estudios de teología en 1880, recién se ordenó de sacerdote el 14 de marzo de 1883.Los años transcurridos entre 1880 y 1883 los pasó en Mendoza en compañía de su madre y hermanos, donde se dedicó preferentemente a la música, por la que tenía gran vocación. Pasó en varias oportunidades la Cordillera de los Andes entregándose a algunos trabajos de índole religioso social. Apenas ordenado fue destinado como capellán al Colegio de María de la casa matriz de las Esclavas del Corazón de Jesús. Este cargo lo ocupó desde 1884 hasta 1896. Mons. Cabrera produjo por entonces una serie de obras para los colegios jesuíticos de Córdoba, a partir de 1888, como El paraíso perdido, y continuó con diversos temas hasta 1903, incluyendo piezas como Adelante con los faroles o El feminismo del siglo XX. A fines de 1893 realizó un viaje a Europa, cuyo principal objetivo consistió en participar en la celebración de las Bodas de oro sacerdotales de León XIII.
En 1896, pasó a ejercer siempre en Córdoba, el curato de Pilar, y lo practicó hasta 1929. Monseñor Pablo Cabrera fue un estudioso de la historia argentina, y en especial, de la de Córdoba. Trabajó intensamente desde 1897, frecuentó el Archivo de Tribunales, En ese año pronunció una conferencia sobre los Primeros sacerdotes que pisan el suelo de Tucumán y estado de éste a la llegada de aquellos. La bibliografía de monografías sobre El general Paz, conferencia leída en Nuestra Señora de Buenos Aires (1897). En agosto de 1902.gracias por los pactos que hacía poco se habían celebrado orador brillante e impresionó profundamente, al decir de 1904 ambas naciones. En ese año dio a Cordillera y frente al Cristo Redentor, cuan de do se rubrícala paz entre conocer: Los descendientes de don Juan de Garay. Estuvo vinculado a la Universidad desde 1911, en que fue designado colector de documentos, y años más tarde, en 1916, el senador Joaquín V. González le creó el puesto de Jefe de manuscritos. Rescató papeles y documentos valiosísimos, entre otros, los relacionados con los estudios de los primeros doctorados en la Universidad cordobesa. Fue Cabrera, quien ideó y orientó la publicación de la Biblioteca del Tercer Centenario, donde aparecieron los Universitarios de Córdoba.
En 1917, en colaboración con el doctor Enrique Martínez Paz, publicó el volumen de las Coronas líricas, prosa y verso por Luis José de Tejeda. Su Córdoba de la Nueva Andalucía (1916-17), que luego prolongó en su magnífica Córdoba del Tucumán prehispana y proto histórica. El Ensayo histórico sobre la fundación de Córdoba, publicado en 1920, es uno de los mejores trabajos de Cabrera. Propició la fundación del Museo Histórico de la Provincia de Córdoba, cuya sede debía ser la Casa del virrey, refaccionado bajo un proyecto del doctor Deodoro Roca. En 1919, fue designado su primer director. Otra fundación de Cabrera fue la Junta de Estudios Históricos de Córdoba, en 1924, que se transformó en 1928, en filial de la entonces Junta de Historia y Numismática Americana (hoy Academia Nacional de la Historia), de la que se le nombró presidente. Ese mismo año disertó en la Primera Exposición del Libro Primitivo Argentino sobre La Imprenta de Córdoba. A partir de 1924, su salud se hallaba quebrada por la aparición de un glaucoma en la vista, lo que le trajo una visión escasa y molesta. En 1928, visitó la sede de la Junta de Historia en Buenos Aires donde le brindó una calurosa acogida el doctor Ricardo Levene. En esa oportunidad recordó Monseñor Cabrera su primera entrevista con el general Mitre, en la que hablaron de historia, etnógrafa, del idioma de los huarpes, de los indios tehuelches y diaguitas, y recorrió la biblioteca del prócer, compartiendo un momento feliz. En 1927 había participado en la protesta popular contra las modificaciones introducidas en el Himno Nacional, y dos años más tarde abandonó el cuarto del Pilar, a causa de sus achaques habiendo perdido la visión del ojo derecho. A pesar de esa desgracia escribió y publicó más de medio centenar de monografías desde aquel año hasta su muerte. Por su amor a España se le confirió el título de Caballero de la Orden de Isabel la Católica en 1930. De ese año es su valiosa monografía sobre La Segunda Imprenta de la Universidad tampa en 1930 y el segundo en 1931. El año siguiente no fue dicho ensayo sobre los Araucanos en territorio argentino, como evangélico en el Tucumán antiguo. En 1934, todavía publicaba la monografía titulada La conquista espiritual del Desierto, y el primer tomo de su Introducción a la Historia Eclesiástica del Tucumán, de la que en 1935 salió a luz el segundo tomo, así como otro trabajo intitulado Irradiación del Colegio Máximo Jesuítico de Córdoba del Tucumán. Esta fue la última obra que publicó Mons. Cabrera. Falleció el 29 de enero de 1936, en vísperas de cumplir el octogésimo año de su larga vida. Sus restos fueron sepultados en el panteón de la Hermandad de San Pedro, en el Cementerio de San Jerónimo (Córdoba). Había recibido en la Universidad de esa ciudad, en 1928, el título de doctor “honoris causa”, en 1933 al cumplir sus bodas de oro sacerdotales fue objeto de sendos homenajes. El Senado de la Nación sancionó una ley disponiendo la publicación de todas sus obras por cuenta del Estado.
En 1937, el Rector de la Universidad, Dr. Sofanor Novillo Corvalán fundó el Instituto de Estudios Americanistas, para “honrar la memoria de Mons. Pablo Cabrera, que tantos años sirvió a la Universidad con una labor de investigación histórica propia y con resultados eminentes y proseguir su propia obra, utilizando con preferencia su materia bibliográfica y documental, valiosos por su número y por el esmero que puso en formarlo”. El Instituto se creó, sobre la base, como primeros materiales de estudio e investigación, de los libros, documentos y manuscritos que pertenecieron a Mons. Cabrera. El Instituto de Arqueología, Lingüística y Folklore que lleva su nombre, dependiente de la Universidad se fundó en 1942, y al año siguiente inició la edición de sus publicaciones. El mejor elogio pronunciado a su labor historiográfica fue expresado por el doctor Ramón J. Cárcano: “Monseñor Cabrera escribe historia, pero no hace filosofía de la historia. Ofrece con esto una prueba de buen gusto. Se compromete especialmente a investigar y exponer los hechos. El pasado se reconstruye con los hechos, y los hechos se prueban con documentos. En este sentido, Monseñor Cabrera es el hombre mejor documentado. Nadie como él ha penetrado en la vida colonial de Córdoba, en forma más profunda y extensa, ni con criterio mejor ilustrado…”. Al cumplirse el centenario de su nacimiento la Universidad de Córdoba le rindió un merecido homenaje (1957), publicado dos tomos a su memoria. Una calle de Córdoba, el Instituto de Antropología y el Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba llevan su nombre como también el Colegio Nacional de San Juan.