Abeledo, Valerio
Librero y editor. Nació en Pontevedra, Galicia (España). el 29 de julio de 1875. Siendo joven llegó a Buenos Aires. En 1893 y después de intentar sin éxito varios quehaceres, logró incorporarse en 1896 como bedel al personal de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires. En 1901, abandonó su empleo para establecerse con un negocio de librería que denominó “Librería Jurídica”. ubicada en la calle Moreno 490 en las proximidades de la Facultad, con su lema favorito: “Especializarse es una garantía”. Su amor al libro y su dedicación especial a las distintas ramas del Derecho, lo llevaron al poco tiempo a ser un verdadero cultor de la materia. un ambiente singular, donde se fueron formando nuestros juristas más eminentes. Desde el mismo año de la fundación, empezó a editar libros y el primero fue Elementos de Derecho Político, de Enrique del Valle Iberlucea. El mayor éxito editorial fue el Derecho Penal de Octavio González Roura. De su primitivo local pasó a Lavalle 1368, frente al Palacio de Tribunales, lugar realmente ideal y estratégico. Abeledo viajó a Europa varias veces. Y no omitió esfuerzos para traer al país las mejores y más raras obras jurídicas como las de Planiol, Baudry Lacantinerie, Troplong, Ihering, etc. formando al mismo tiempo. entre otras, la colección más completa de las fuentes del Código Civil. No olvidó tampoco las obras reputadas sobre Filosofía del Derecho, cuando ésta se insinuaba en su orientación moderna. Editó más de 220 libros de autores destacados en la cátedra y en la judicatura. Hombre sencillo y generoso, fue guía seguro para estudiantes: logró al mismo tiempo conquistar la amistad y el aprecio de numerosos profesionales. Entre los juristas que frecuentaban su librería se encuentran Manuel Obarrio, Osvaldo Magnasco, Antonio Bermejo, David de Tezanos Pinto. Lisandro Segovia, Carlos Octavio Bunge, Juan A. Bibiloni, etc. Falleció en Buenos Aires el día 14 de noviembre del año 1950.
Abella Caprile, Margarita
Poetisa, prosista y periodista. Nació en Buenos Aires el 5 de agosto de 1901, hija de don Eduardo Abella y de doña Marganta Delfina Capnle, bisnieta del general Mitre. Cursó sus estudios primarios en la Excuela Casto Munita, del ramo de Belgrano, de 1907 a 1910. Luego pasó a ser pupila en el Colegio del Sagrado Corazón, de Almagro. Entonces empezó a escribir sus primeros versos, que enviaba a su abuela. Quien en 1917 los hizo imprimir con el título de Ensayos. Algunas de sus composiciones pasaron a integrar su libro Nieve, inspirado en el día que nevó por primera vez en Buenos Aires (22-VI-1918). Vio la luz en 1919. y encontró calurosa acogida. Trae recuerdos del colegio y de la vida cotidiana. Alcanzó cinco ediciones. En 1923, apareció su segundo libro poético Perfiles en la niebla, con reminiscencias de Verlaine. Ese año realizó un viaje a los canales fueguinos. En 1927 partió con su familia a Europa. Vivió cuatro años en París: en la Sorbona siguió un curso de historia del arte. Visitó la mayor parte de los países europeos, de Asia y África del que extrajo un fecundo caudal de experiencias, a los que agregó Estados Unidos, Uruguay y Brasil. En 1931 dio a conocer Sombras en el mar, al que reconoce “como si temiera asustarnos, como si le compadeciera de nuestra limitada capacidad de comprensión”. Ingresó en la redacción de La Nación en 1932. Periodista de fibra redactó durante varios años. la sección “Por los caminos del mundo”, donde desplegaba su agudeza para descubrir informaciones raras o novedosas de los países por los cuales había transitado. En 1938 obtuvo el Premio Municipal de Poesía con su libro 50 Poemas. La Sociedad Argentina de Escritores, a la que perteneció, le otorgó la “Faja de Honor” por su obra La miré con lágrimas (1950). Un autor ha escrito que “al releer sus poemas, cuando recuperamos la misteriosa dignidad de sus versos y re descubrimos la delicada trama de su universo poético, aflora un inmenso caudal de vida a nuestro alrededor”. En sus años de madurez ejerció la jefatura del Suplemento Literario de La Nación desde 1955 hasta el día de su muerte. Aportó a esas hojas, su finísima inteligencia y su gran sensibilidad intelectual: apoyó a los autores jóvenes. Fue miembro del PEN Club y de otras instituciones. Su figura de escritora de raza se hermana con Victoria Ocampo y con la de Alfonsina Storni, integrantes como ella, de la admirable legión de argentinas lúcidas que, en la primera mitad de este siglo, supieron trascender en un medio reacio a darles el lugar que les correspondía. Falleció en Buenos Aires. el 28 de octubre de 1960. Había traducido Atila de Racine, y uno de sus bellos trozos se publicó al cumplirse un año de su desaparición La Editorial Emecé editó con el patrocinio literario del diario La Nación sus Obras Completas, en la que reunió su producción literaria. El compositor López Buchardo le puso música a su poema La Canción desolada.